¿Expertos o charlatanes?

experto o charlatánphoto credit: jinterwas via flickr cc

En la “era de la visibilidad” resulta sorprendentemente difícil distinguir entre auténticos expertos y artistas del engaño.

Hace unas semanas asistí a una conferencia de una persona que se publicitaba como un gurú de la temática que allí se trataba.  Mis expectativas eran altas porque parecía que el evento prometía, y tengo que decir que pasé una tarde muy entretenida, incluso diría divertida, ya que la puesta en escena incluía todo lo necesario para engatusar a la audiencia: humor, curiosidades, letanías rapidísimas de datos estadísticos, escenificaciones mímicas, cambios rápidos de ritmo, anécdotas supuestamente biográficas y emotivas, e interpelaciones por sorpresa y con trampa a alguna persona del público asistente con el objeto de hacernos reír a todas las demás.

Cuando volvíamos a casa, mi hijo me preguntó que de qué había ido la conferencia y, curiosamente, no supe que contestar.  No fui capaz de sacar una “moraleja” o una temática de toda aquella palabrería, ni siquiera conseguía encontrar una relación con el título de la conferencia.   En realidad, sólo recordaba cosas sueltas graciosas o curiosas, que se encuentran libremente en internet, y afirmaciones grandilocuentes y huecas que en muchas ocasiones se contradecían entre sí.  Entonces recordé los “charlatanes” itinerantes que vendían sus productos en los mercados y en las plazas de los pueblos o los predicadores televisivos.

Es evidente que estamos en el momento de los expertos, los vemos todos los días en las noticias dando su opinión, vendiéndonos productos, tanto físicos como ideológicos, y diciéndonos cómo debemos hacer las cosas.  Pero no es oro todo lo que reluce.

Según la definición del diccionario experto es una persona entendida, que es muy hábil o experimentada en una determinada actividad o trabajo; también una persona que posee muchos conocimientos en un tema.

Según la Wikipedia, un charlatán es una persona que practica algún tipo de estafa con el fin de conseguir un beneficio económico o alguna otra ventaja, mediante el engaño o la superchería.

Todo charlatán debe tener alguna habilidad especial; la más común es el DON DE LA PALABRA, mediante la que logra embaucar a su audiencia, por lo general inculta en la temática que el charlatán postula.

Es bien sabido que un impostor, para vender su humo con ciertas garantías que su público tenga la sensación de escuchar algo coherente y contrastado, acostumbra a intercalar entre disparate y disparate alguna mínima muestra de sentido común.  Pero a poco que escarbemos en la verborrea que caracteriza a todos estos visionarios, encontramos que los datos que arrojan a toda velocidad no tienen ningún fundamento o fuente fiable que los avale, o que los experimentos que citan y los vídeos que muestran (sacados de internet) pertenecen a investigaciones que nada tienen que ver con lo que nos están vendiendo, pero han sido unidos con un sentido excelente del espectáculo para deslumbrar a su audiencia.

espectáculo      photo credit: marfis75  via flickr cc

Resulta sorprendentemente difícil distinguir entre falsos y auténticos expertos

Tanto es así que incluso algunos investigadores y pensadores se han puesto manos a la obra intentando encontrar un método para hacerlo.  En Kellog, por ejemplo, un equipo de investigadores ha elaborado una prueba para distinguir entre los auténticos expertos y los artistas del engaño a la hora de elaborar predicciones sobre cualquier temática.  Según esta investigación, “es posible ocultar la ignorancia más absoluta mediante el lenguaje de la probabilidad y demostrar esa ignorancia resulta muy difícil.

En este fantástico post, Guía para no dejarse deslumbrar por los charlatanes , su autor desvela 3 estrategias que los charlatanes utilizan para alcanzar sus objetivos:

  1. Saber explotar con maestría los anhelos de las personas (cura para enfermedades, alcanzar la felicidad, encontrar un buen trabajo, encontrar pareja, triunfar en las redes sociales, adelgazar, etc.) para satisfacer su afán de lucro.
  2. Realizar preguntas falsas, preguntas trampa que encierran una falsedad dentro del interrogante.   La clave no está en lo que se pregunta sino en cómo se pregunta.  Se emplea un gancho que produce empatía para así trasmitir el mensaje que realmente se quiere dar.
  3. Confiar en la pereza de la audiencia para contrastar lo que se cita como prueba,  normalmente una publicación científica conocida. Si te tomas la molestia de buscarlo y leerlo atentamente resulta que dice lo contrario de la opinión del charlatán.

Otro artículo del mismo autor, Cinco características fundamentales del vendedor de humo ,nos habla de que “los fraudes y mentiras han azotado a la humanidad desde el albor de los tiempos y resulta fascinante constatar cómo el engaño no ha cambiado tanto desde que descubrimos el fuego o inventamos la escritura, y quizá la única diferencia radique en que el tiempo ha convertido algunos de ellos en tradiciones respetables

En opinión de este autor, hay cinco características fundamentales que todo buen vendedor de humo debe presentar:

      1. Prometer la Luna.
      2. Utilizar el miedo e inventar enemigos.
      3. Coger algo viejo, hacerle un lavado de cara y venderlo como si fuese completamente nuevo.
      4. Utilizar el respaldo de una autoridad ficticia.
      5. Afirmar que lo que dice es la verdad absoluta e inamovible.

En nuestros días, que yo bautizaría como la “era de la visibilidad”, hemos pasado de ser discretos y no llamar mucho la atención para que no se nos tachara de sabihondos y engreídos, a reivindicar  y vender nuestra marca personal a través de diferentes medios.  ¡Ojo!, no digo que esto sea malo, sólo quiero señalar que este hecho ha provocado que aumente espectacularmente el caudal de cosas inexactas, incompletas, erróneas y sin fundamento que se publican y que se mezclan con la información de calidad, haciendo muy difícil distinguir ésta de aquella si no tienes los conocimientos adecuados.

En mi opinión, la diferencia entre expertos reales y falsos mesías, es que los primeros realizan una labor profesional destacada y por ello se les atribuye un rango de experto en algunas materias.  Esto se ve reflejado en el reconocimiento que reciben de sus colegas de profesión y, como consecuencia, en la popularidad que tienen en internet y en las redes sociales.  A esas personas, que son buenos profesionales en lo suyo, internet les ayuda divulgando su actividad y sus méritos, de manera que se ven premiados con una mayor popularidad y, por tanto, mayores oportunidades.

De los otros tendremos que defendernos lo mejor que podamos.  Conocer sus estrategias y trucos nos ayudará a conseguirlo.

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