¿Ha matado Internet las conversaciones interesantes?

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La telefonía móvil y la mensajería instantánea, junto con el uso de las redes sociales, se ha convertido en la tiranía de lo instantáneo, de lo simultáneo y de lo disperso.

Viendo en televisión la noticia del lanzamiento de una nueva app que promete acabar con las polémicas que todos hemos mantenido alguna vez sobre cómo se escriben las palabras, (por ejemplo: si no o sino, hecho o echo, etc.) me di cuenta que eso ponía de manifiesto una realidad, que a mi juicio, está acabando también con nuestra habilidad de “jugar con las ideas”: buscar inmediatamente en google la respuesta correcta.

Ahora, el más espabilado echa mano rápidamente de su dispositivo móvil, busca y suelta ufano y con rotundidad la respuesta correcta.  Se acabó la conversación.

Antes nos enzarzábamos sin temor en largas polémicas sobre cualquier cosa, donde, aunque no tuviéramos una certeza absoluta sobre el tema tratado, hacíamos un ejercicio mental estupendo al buscar argumentos para nuestra postura y al deducir lógicamente una hipótesis sobre cualquier cosa.  Sobre todo nos enriquecíamos con la perspectiva que cada cual aportaba a la discusión.   Aunque al final no se llegara a un acuerdo, habíamos pasado un buen rato jugando con las ideas.

No voy a entrar aquí en las ventajas o desventajas del enorme caudal de información que tenemos disponible, eso ya lo hice en otra entrada, ni voy a poner en duda que internet ha facilitado nuestras vidas poniendo al alcance de un “click” un mundo inagotable.  Lo que quiero evidenciar es que, por un lado, estamos construyendo un cerebro perezoso que se resiste a construir, deducir y buscar la respuesta no obvia, prefiriendo que se lo den hecho; y, por otro, que nos estamos olvidando del placer de una buena conversación.

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Edward de Bono, en su libro “Cómo atraer el interés de los demás”, afirma que “una parte de ser interesante es la habilidad para jugar con las ideas.  La pompa solemne es lo opuesto al interés.”  Este autor opina que ser interesante implica posibilidades y especulación, por supuesto, mientras no actúes con arrogancia competitiva haciendo falsas reivindicaciones, y que “si no nos atreviéramos a decir algo hasta haber revisado dos veces los hechos para estar completamente seguros, la conversación sería de lo más limitada y aburrida.”  Para este pensador, eso equivaldría a sentarnos a leer una enciclopedia.

¿Radica el problema entonces en que no sabemos escuchar y preferimos leer una enciclopedia?

Para saber hablar, primero hay que aprender a escuchar.  En este artículo sobre el arte de conversar y dialogar, su autor nos dice que no es lo mismo hablar, conversar y dialogar, y que lo que establece la diferencia entre estas tres formas de comunicación es el ESCUCHAR.

Nuestros malos hábitos para escuchar: falta de atención, falta de concentración, falta de respeto hacia el otro, rigidez mental, desinterés por aprender y egocentrismo.

Pues bien, atreviéndome a especular, yo asociaría esa fea manía de matar una conversación con una búsqueda en Internet, con nuestra falta de habilidad para escuchar y lo sustentaría en tres de esos malos hábitos:

  • Falta de concentración.  No estamos a lo que estamos… Nuestras conversaciones son presididas por nuestros dispositivos móviles que, inoportunos y omnipotentes, tienen la facultad de interrumpir de inmediato con sus avisos de “mensaje nuevo”.  Pero es más, en algunas personas, el consultar sus móviles se ha convertido en un acto compulsivo que no puede esperar a recibir un aviso.  Por lo tanto, parece que lo que está molestando en realidad es la conversación en vivo, por lo que si te “cuento el final de la peli” acabo con el incordio.
Como no podía ser de otra forma, esto ya tiene nombre: phubbing, y hace referencia a esa falta de respeto que supone estar más pendiente de nuestro móvil que de aquella persona con la que estamos en un momento determinado.
  • Falta de respeto hacia el otro.   Parece que la opinión en vivo y en directo de una persona no puede competir con “lo que dice Internet”, y la manera de callarle la boca es mostrarle el resultado de nuestra búsqueda.  Gran error, teniendo en cuenta la cantidad de información incompleta, errónea y sesgada que se publica.
  • Egocentrismo Esa tendencia a pavonearse pretendiendo ser el más listo y a dejar a los demás como patanes por haberse atrevido a dar una opinión que resulta ser incorrecta.
large_2796862756photo credit: Pink Sherbet Photography via photopin cc

Ya hay algunas voces que opinan que la telefonía móvil y la mensajería instantánea, junto con el uso de las redes sociales, se ha convertido en la tiranía de lo instantáneo, de lo simultáneo, de lo disperso, de la sobredosis de información y de la conexión con un mundo virtual que terminará acabando con el otrora delicioso placer de conversar con el otro, frente a frente.

Os animo, querido lector y querida lectora, a que os resistáis, a que disfrutéis jugando con las ideas, igual que los animales jóvenes juegan para desarrollar destrezas, a que perdáis el miedo a especular, deducir y generar alternativas y a que no renunciéis al maravilloso placer de una buena conversación.

large_6173557964photo credit: pedrosimoes7 via photopin cc

Para terminar, os invito a escuchar este podcast donde abordan cómo hacer frente al phubbing y recuperar el placer de la conversación.  Además, aquí encontraréis algunos consejos para brillar en el arte de la buena conversación.

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