La ecuación de la confusión: sobrecarga de información + sesgo + basura informativa

Internet

El conocimiento es poder, la información no.” (David Lewis)

Es indudable que nunca antes habíamos tenido acceso a tanta información de todo tipo, a tantos soportes distintos, a tantas fuentes, a tantos dispositivos desde los que acceder a las noticias en cualquier momento y desde cualquier lugar.  ¿Esta avalancha de estímulos que recibimos actualmente nos mantiene mejor informados? ¿El tener muchos más datos ha mejorado el conocimiento profundo que tenemos de las noticias o todo lo contrario?  Algunos apuntan a que este caudal incesante y gigantesco de datos sólo provoca confusión, y como consecuencia desinformación.

En nuestra sociedad actual, ser una persona informada es un imperativo que confiere a la persona un aura de prestigio; pero debemos preguntarnos si el atesorar datos es lo mismo que estar informado.

La sobrecarga de información tiene lugar cuando te enfrentas a más información de la que eres capaz de procesar y, como consecuencia de ello, o bien pospones algunas de las decisiones que debes tomar o bien tomas decisiones equivocadas.

Demasiada información en la cabeza puede provocar lo que se conoce como Information Fatigue Syndrome (IFS) o el Síndrome de fatiga informativa,  que se refiere al efecto negativo que tiene la sobreinformación como fuente de estrés para nuestro cerebro  que, además, puede repercutir en la cantidad y calidad del sueño según un estudio realizado en la Unidad de Alteraciones de Sueño del Instituto Dexeus de Barcelona.     Según este estudio, no importa si el tipo de información es positiva o negativa, lógicamente esta última produce mayor preocupación y por lo tanto mayor tensión mental, el factor determinante es la sobreexposición a la que nos sometemos.

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Los síntomas que produce son similares a los de la ansiedad o el estrés, pero lo más preocupante es que nos lleva, muchas veces, a no atrevernos a tomar decisiones por considerar que no tenemos toda la información necesaria , es decir, a que la inseguridad nos paralice.  Del mismo modo, nos convertimos en adictos incapaces de dejar de consultar el correo electrónico o el móvil, o de actualizar las redes sociales .

Estas situaciones, además, pueden llegar a reducir, según algunos estudios, nuestro coeficiente de inteligencia hasta en 10 puntos, ya que perdemos la capacidad de concentrarnos profundamente en una sola tarea.

Para Clay Johnson autor del libro The Information Diet, deberíamos estar hablando de consumo excesivo de información y no de sobrecarga, haciendo hincapié en que esta exposición a la información es, en la mayoría de los casos, voluntaria, por lo que está en nuestra mano preocuparnos por tener unos buenos hábitos de consumo de noticias y seleccionar el tipo de información a la que nos exponemos.

De las 10 mil noticias que hemos leído durante el último año, nos es imposible recordar una sola que haya afectado de manera importante a nuestra vida, carrera o negocio.  Consumimos la información que recibimos pasivamente y la olvidamos, sin pararnos a reflexionar sobre ella.  A fuerza de avalanchas de información estamos consiguiendo un cerebro que está perdiendo la habilidad de absorber artículos largos o libros, hacia los que siente cierto “rechazo”.

yo soy

Para crear este cóctel de confusión, añadimos a la gran cantidad de información nuestra predilección por aquella que confirma nuestras creencias y nuestras viejas conclusiones, lo que nos lleva a mirar el mundo a través de un filtro de intereses políticos o económicos que no necesariamente reflejan la realidad.   Al recibir grandes dosis de información sesgada, en ningún momento se nos ocurre plantearnos que quien piensa diferente pueda tener razón.

Lo mejor que el ser humano hace es interpretar toda la nueva información para que sus viejas conclusiones permanezcan intactas”(Warren Buffet)

El último ingrediente de este cóctel perverso es la cantidad de cosas inexactas, incompletas, erróneas y sin fundamento que se publican y que se mezclan con la información de calidad, haciendo muy difícil distinguir ésta de aquella si no tienes los conocimientos adecuados.  Si además añadimos la propaganda involuntaria que realiza la gente cortando y pegando sin ningún miramiento, a fuerza de repetir información poco fidedigna, la “basura informativa” se convierte en “verdades ampliamente aceptadas” que nadie sabe explicar (aunque esto no es motivo de preocupación para la mayoría…)

El exceso de información es malo.   Internet es peligroso para los ignorantes porque no filtra el conocimiento y atasca la memoria del usuario, aunque útil para los sabios si saben a qué fuentes deben acudir” (Umberto Eco)

Informática

Algunos expertos opinan que algunas redes sociales y buscadores están teniendo mucho éxito porque ayudan a filtrar los contenidos interesantes para sus usuarios.  Siempre que lo utilicen adecuadamente, añado yo, si no es así, se convierten en una trampa o el cristal a través del cual miras el mundo, no el mundo en sí mismo.

Esta es la fórmula que yo propongo para protegernos de esta locura:

  • Ser selectivo.  Con las fuentes de información y tener claro cuáles son tus intereses.
  • Ser consciente de tus límites.  No puedes saber de todo: “el que mucho abarca poco aprieta”.
  • Ser plural.  Diferentes versiones pueden darte una visión más ajustada del tema de tu interés.
  • Cuestionártelo todo.  Como el anuncio: busca, compara y si encuentras algo mejor, “cómpralo”.

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