Ante el acoso en el trabajo, protégete y actúa (II)

acoso moral

Pautas a seguir por las víctimas de una situación de acoso laboral

En la entrada anterior, dando inicio a esta serie dedicada a los conocimientos y competencias necesarios para prevenir y canalizar una situación de acoso potencial, hablaba de las conductas que son constitutivas de acoso moral o mobbing y los diferentes tipos de acoso, en esta nueva entrada expondré las pautas a seguir por las víctimas del hostigamiento para que minimicen el daño, se protejan y actúen.

El acoso tiene una carga de destrucción personal muy grande, ya que la repetición y prolongación en el tiempo de los ataques que recibe la víctima es capaz de causar graves perjuicios físicos y psíquicos. Debemos ser conscientes del peligro gravísimo que supone para nuestra salud y actuar poniendo los medios necesarios para protegernos y acabar con esa situación.  Son tres los pasos fundamentales: identificación del problema, canalización de la ira y estrategia de actuación.

 1. IDENTIFICACIÓN DEL PROBLEMA

El acoso moral nace de una forma anodina y se propaga insidiosamente, de modo que al principio las personas acosadas no quieren sentirse ofendidas y no toman en serio las indirectas y las vejaciones.

Hasta que la víctima se da cuenta de lo que está ocurriendo puede pasar tiempo.  En esta primera fase se debe tratar de mantener la calma, tranquilizarse, y analizar la situación evitando dejarse llevar por autocompasiones.  Es fundamental intentar minimizar el daño provocado por el agresor, es decir, no repetirse constantemente los insultos recibidos, no torturarse con lo que podría haber hecho, etc.

Cuando se consigue identificar el problema, comienza una nueva etapa a partir de la cual se puede afrontar el problema porque ya sabemos a lo que nos estamos enfrentando.

2. CANALIZACIÓN DE LA IRA

La mayoría de las víctimas responden de forma agresiva a los ataques, lo cual empeora gravemente la situación y permite al agresor reafirmarse en su comportamiento.  

El segundo paso para salir de esta situación es, por tanto, la canalización de la ira.  Estas son algunas estrategias para lograrlo:

  • Aceptar las propias limitaciones.  El objetivo no debe ser quedar por encima del agresor, si no buscar la estrategia de minimizar el daño recibido.  Lo primero somos nosotros y nuestra salud.
  • Entender que el agresor nunca va a emplear la comunicación directa.  No entres en ese juego perverso.
  • Asumir que cada cual tiene el control último sobre sus propias emociones.  El autocontrol ayudará a evitar el daño emocional.
  • Visualizar la situación de acoso con la perspectiva de un observador externo.  Esto, aunque difícil, resulta tremendamente útil.  Se trata de intentar ver el problema desde fuera para, mediante la desactivación emocional, volver al control consciente y racional de nuestra conducta y así elaborar una estrategia de actuación eficaz.

3. ESTRATEGIAS DE ACTUACIÓN POR PARTE DE LA VÍCTIMA

La persona debe analizar en profundidad el problema, identificar los puntos fuertes y débiles de su contrincante y elaborar una estrategia de defensa con su correspondiente plan de acción.

Una vez que la víctima consigue superar los dos pasos más difíciles de este proceso: llamar al problema por su nombre y desactivarse emocionalmente, el siguiente paso consistirá en actuar.  No esperes que las cosas se solucionen por sí solas, sigue estos consejos:

  • Haz públicas las agresiones que se reciben en la intimidad.  Deja a un lado la vergüenza, el qué dirán o cualquier otro motivo que te frene, lo más recomendable es buscar apoyo y relatar lo ocurrido a un médico, psicólogo, abogado, al departamento de Recursos Humanos, a algún sindicato, a la Inspección de Trabajo o a cualquier persona o grupo que pueda prestar ayuda.
  • Da respuesta a las calumnias y críticas destructivas con asertividad.  Reacciona con un comportamiento intachable ante las acusaciones, con seriedad y autocontrol.  Es muy importante que evites el aislamiento social.
  • Protege los datos, documentos y archivos del propio trabajo.  Guarda todo bajo llave, desconfía de las capacidades manipuladoras del acosador.
  • Documenta y registra las agresiones de las que eres objeto desde el inicio.  El acoso laboral existe independientemente de que dispongamos de pruebas o no. Lógicamente si tenemos que acudir a algún estamento, nos facilitará mucho el tenerlas, pero el no tenerlas no es impedimento para realizar nuestras quejas.
  • Inicia un diario, recoge los hechos que están aconteciendo cada día. Cuenta escuetamente pero con detalle forense, la fecha y hora, la persona que lo ejerce y el hecho en si.  Escribe también tus emociones y síntomas: insomnio, ansiedad, etc, y sus consecuencias físicas: caídas de cabello, vómitos, dolor, lo que sea.
  • Recopila con discreción y sin notoriedad todos los documentos que puedan demostrar el hostigamiento laboral que sufres (comunicaciones, ceses, encargo de tareas, órdenes, cambios de puesto de trabajo, etc)
  • Graba las conversaciones con el acosador, tanto presenciales como telefónicas, con dos requisitos: tú formarás parte de la conversación y no se tratarán temas personales o íntimos de otras personas.  No sólo no comentes un delito, si no que las grabaciones se pueden presentar como pruebas en el caso de que se llegue a juicio.
  • Busca testimonios de compañeros y de posibles víctimas anteriores, aunque ya no estén en la empresa.
 La víctima debe tener claro que no es culpable de la situación de acoso.  No debe ocultar la situación. No debe luchar sola.

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